Historia

historia del pueblo Harakbut

La historia del pueblo Harakbut está ligada a la resistencia, exterminio y lucha por una reivindicación.

El pueblo Harakbut se autodefine como una nación originaria preexistente a la creación del Estado peruano.

Está conformado por subgrupos que pertenecemos a una familia lingüística harakbut: amarakaeri, wachipaieri, arasaeri, kisamberi/kusambaeri, toyoeri y sapiteri.

Nuestra historia relata nuestra autonomía, conexión espiritual con la naturaleza y resistencia, pero también el exterminio sistemático y una colonización cuyas secuelas perduran hoy, mermando nuestros derechos.

Antes de la colonización, los harakbut ejercían una gobernanza autónoma con sus propias normas internas. La sociedad harakbut se organizaba en clanes familiares cuyo nombre e identidad estaban ligados al territorio específico que habitaban (un río, una montaña, un bosque). Vivían en equilibrio con la naturaleza, practicando una justicia propia y una vida plena. Los harakbut eran conocidos y admirados por otros pueblos como «guerreros», una cualidad que se manifestó en su defensa ante los invasores.

autocenso-03
autocenso-01
gallery_08

Invasión y exterminio

El proceso de invasiones y colonización fue un exterminio para la población harakbut. Este proceso no fue homogéneo y afectó a los diferentes subgrupos en distintos momentos. Estas invasiones ocurrieron en distintas etapas, desde la llegada de los incas y españoles en el siglo XVI, hasta las políticas de colonización del siglo XX y XXI, dejando profundas heridas sociales, culturales y demográficas.

Primeros contactos y búsqueda de oro (1532 en adelante)

La historia de invasión al territorio del pueblo Harakbut comenzó con la llegada de los españoles y la conquista del Imperio Inca (1532). Los incas solicitaron apoyo a los Arazaeris (subgrupo Harakbut) para reunir grandes cantidades de oro, destinado al rescate de Atahualpa. Los Arazaeris, manteniendo relaciones de intercambio amistosas, guiaron a los incas hacia yacimientos auríferos en Sandia, Puno. Sin embargo, los españoles les sorprendieron y traicionaron el acuerdo, atacando con armas de fuego y torturando a los indígenas para obtener información sobre ubicaciones de oro. Estas masacres obligaron a los Arazaeris a huir sucesivamente de Sandia a Marcapata (Cusco) y luego hacia el río Araza, siendo progresivamente arrinconados y despojados de sus territorios ancestrales.

La fiebre del caucho (desde 1890)

A fines del siglo XIX (1890), los caucheros ingresaron a Madre de Dios para explotar el caucho y encontraron a los toyeris en su territorio. Consideraron su presencia un peligro y abrieron fuego contra ellos, iniciando un enfrentamiento en el que los harakbut se defendieron para proteger sus vidas y territorios. Los caucheros, apoyados por militares, buscaron exterminar a los indígenas y así explotar el caucho sin oposición.

Frente a esta amenaza, los toyeris se aliaron a los amarakaeri para resistir la invasión. Los harakbut organizaron estrategias en puntos estratégicos del alto río Madre de Dios. En el lugar conocido como Mirador I (hoy “El Amigo”, actual sede del ACCA) bloquearon el paso de embarcaciones, que desaparecían atrapadas por las aguas y las serpientes del río. El Mirador II se estableció más arriba, donde hoy se ubica la comunidad de Masenawa; allí emboscaron a caucheros y militares. De esta forma, lograron frenar el ingreso cauchero en territorios amarakaeri, en los ríos Karene (Colorado), Puquiri, Alto Madre de Dios e Isiriwe.

Experiencia de invasión al territorio wachiperi

Entre 1940 y 1970, con la política estatal de “conquistar la Amazonía”, hacendados invadieron el territorio wachiperi, arrinconando a sus habitantes y estableciendo contacto forzado. Muchos fueron llevados a la hacienda San Jorge, donde hombres y mujeres fueron esclavizados; las mujeres sufrieron abusos y fueron explotadas sexualmente. Los hacendados los obligaban a abrir chacras con falsas promesas, recibiendo apenas con sal, azúcar, machetes o ropa.

La apertura de la carretera Cusco-Kosñipata intensificó la migración y ocupación del territorio wachiperi, provocando pérdida de costumbres y la llegada de enfermedades que causaron numerosas muertes. Los ancianos relatan que incluso hubo envenenamientos para facilitar la ocupación de sus tierras.

En 1946, los misioneros de la North American Baptist establecieron la Misión Queros, donde los wachiperi fueron agrupados. Aunque se presentaban como liberación, también hubo abusos: trabajaban sin pago, les daban solo sal y azúcar, y fueron obligados a abandonar sus costumbres, idioma y prácticas espirituales.

Posteriormente, con la apertura de la carretera a Paucartambo, la migración serrana expropió aún más territorio wachiperi, formalizado en la creación de la provincia y distritos, sin respetar sus derechos ancestrales.

Invasión del territorio Harakbut/Amarakaeri

En 1953 y 1954, el padre dominico José Álvarez, conocido como Apagntone, inició sobrevuelos sobre el territorio Harakbut para identificar asentamientos y forzar el contacto de los clanes dispersos en lo que hoy es la Reserva Comunal Amarakaeri.

En 1957, acompañado de intérpretes indígenas, logró un primer acercamiento terrestre. El contacto se consolidó con obsequios y evangelización, lo que dio inicio a la colonización de los últimos grupos harakbut. Entre 1958 y 1960, fueron trasladados a misiones en Palotoa y Shintuya, donde se les impuso la religión católica, trabajos agrícolas y búsqueda de oro, bajo amenazas y castigos. Destaca la violencia del padre Elías, acusado de abusos sexuales, torturas y castigos crueles. La vida en las misiones trajo nuevas enfermedades (sarampión, viruela), alcoholismo, divisiones internas y muertes masivas, lo que motivó la huida de varios grupos hacia sus territorios ancestrales que dieron origen a comunidades actuales como Amarakaeri (Boca Inambari), Barranco Chico y San José de Kerene.

En 1964, Belaunde impulsó la apertura de una carretera hacia Shintuya, paralizada posteriormente. En 1972, Shell se instaló en la zona, generando graves impactos sociales, como prostitución, enfermedades y abandono de mujeres harakbut. Los dominicos continuaron explotando a los harakbut como mano de obra gratuita en tala de madera, chacras, ganadería y en la construcción de un aeropuerto.

Durante las décadas de 1970 y 1980, el Estado agravó el despojo otorgando concesiones mineras en territorios indígenas. Pese a su reconocimiento como pueblo originario, las políticas estatales han seguido beneficiando a grandes corporaciones en perjuicio de los harakbut.

Hoy, pese a la violencia histórica, los harakbut mantienen su resistencia y apuestan por la autodeterminación y el autogobierno como herramientas para frenar la colonización y defender sus derechos.

Contacto del ILV en el río Colorado

El Instituto Lingüístico de Verano (ILV) ingresó al territorio Harakbut a través del misionero Robert Tripp, quien operó desde 1960 hasta 1976. Su estrategia de contacto fue gradual y económica. Tripp visitaba la comunidad de Puerto Luz solo unos meses al año, actuando como un intermediario comercial. Intercambiaba herramientas (machetes, hachas, ropa) por los productos de la caza y el oro que los indígenas extraían, facilitando así su inserción en una economía de mercado de manera aparentemente menos traumática.

Sin embargo, su ausencia entre 1961 y 1963 coincidió con una epidemia devastadora que diezmó a la población. La prohibición de comercio de pieles en 1973 por el gobierno de Velasco Alvarado reorientó la economía local exclusivamente hacia la minería aurífera artesanal, consolidando su dependencia de este metal.

Aunque el método del ILV fue menos violento que otros, fue igualmente colonialista, formando parte de una estrategia planificada de invasión que, usando herramientas económicas y religiosas, despojó a los harakbut de su autonomía, fragmentó su territorio y los insertó en un sistema capitalista que los vulnera hasta hoy, perpetuando una deuda histórica por el exterminio y el etnocidio sufrido.